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jueves, 17 de noviembre de 2011
Juan Caballero Brunet
Por Lincoln Díaz-Balart
Publicado en el Diario Las Américas el 11 de noviembre de 2011
Hace unos días falleció en Miami mi tío, Juan Caballero Brunet, el hermano mayor de mi mamá.
Juan era un patriota cubano, como lo son, también, sus hermanos, Mario y Alfredo, y mi mamá, Hilda.
¡Lincote! Mi tío Juan me llamaba así. Nadie más me ha llamado de esa forma.
Juan Caballero Brunet era una de las personas más buenas, nobles, y cariñosas que jamás he conocido.
Abogado de profesión, y Representante a la Cámara en Cuba republicana, todos los fines de semana regresaba a su provincia de Camagüey a visitar a sus electores. Y, sin dinero, visitando todos los hogares en todos los barrios y vecindarios de la ciudad, fue electo Alcalde de Ciego de Ávila en las últimas elecciones que tuvo Cuba, en 1958.
Fue Juan quien nos enseñó a Mario mi hermano y a mí, la importancia de visitar, casa por casa, a los electores.
También recuerdo como me explicó, con su maravilloso sentido del humor, el valor de darle la mano a todo el mundo, la costumbre de los políticos en Estados Unidos. “Siempre me pareció eso una bobería”, me dijo, “y un día estaba en mi automóvil parado en una luz roja en Pensacola (donde Juan era profesor en la Universidad) y se me acercó y me dio la mano Earl Hutto, diciéndome Hello, I’m Congressman Earl Hutto, ¡y cuando fui a votar, vi su nombre en la boleta y voté por él! ¡Funciona, Lincote!” me decía riéndose.
Juan era, en los mejores sentidos de la palabra, como un niño. Amaba al prójimo. Todo lo material que tuvo, era para otros. Se desvivía por hacerle un favor a un amigo. Le era muy difícil entender el mal. Como un niño.
Recuerdo cuando me dijo que realmente entendió por primera vez lo que estábamos confrontando en Cuba. Habiendo llegado a Nueva York ese primero de enero de 1959 (¡sin ni siquiera un abrigo!) Juan vio por la televisión como las turbas en La Habana destruían los parquímetros. “En ese momento entendí que lo de Castro sería realmente serio”, me dijo.
Y Juan conoció el dolor profundo en ésta vida, especialmente cuando, ya viejito y enfermo, pero feliz porque vivía con su hijo, mi primo Jorge Enrique, uno de los seres humanos más llenos de amor concebibles, que junto a su hija (la nieta de Juan) Ana María, cuidaba a Juan, y Jorge Enrique murió repentinamente del corazón.
Después, Ana María y la hija de Ana María, Jordan, cuidaron a Juan de una forma bella y admirable.
Juan ya no siente el dolor. Está junto a Jorge Enrique y a sus padres –mis abuelos Juan y María– a su esposa Carmen y a tantos otros seres queridos en la presencia de Dios.
Y hasta que nos reunamos nuevamente con él y con todos ellos, recordaremos siempre a Juan Caballero Brunet con toda nuestra admiración, devoción, y supremo amor.
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martes, 11 de octubre de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
Páginas inolvidables
Por Roberto Rodríguez de Aragón*
Publicado en Libre
Cuando escribimos este artículo, para el querido semanario “LIBRE”, (mayo 27 de 2011), estamos cumpliendo 52 años de haber salido de nuestra querida e inolvidable patria. Serían las 10: 00 a.m, cuando acompañados por el Embajador de Honduras, el inolvidable Don Francisco Alemán, salimos de la embajada del querido país, rumbo al aeropuerto de Rancho Boyeros, en nuestra condición de asilado político. Junto con nosotros y por las mismas causas, estaba el Senador por la Provincia de La Habana, el inolvidable, gran amigo y magnífico político, Félix Ayón, su esposa se le uniría en el aeropuerto, para salir junto a Félix hacia el destierro. En la Embajada, quedaba nuestro buen amigo, Comandante Wilfredo Suárez Suquet, pundonoroso militar, que pasaba por el dolor de haber perdido a su hermano, Coronel Suárez Suquet, asesinado en la ciudad de Camagüey, frente al paredón de fusilamientos, amarrado a un árbol, por no poderse sostener en sus pies, debido a las heridas causadas, combatiendo a los castro-comunistas. Era jefe militar de esa provincia, el miembro del Movimiento “26 de Julio”, Comandante Huber Matos, exilado como nosotros, al sentirse engañado por el castrato, que lo condenó a muchos años de cárcel.
Queremos dedicarle un recuerdo a Don Paco Alemán, Embajador de Honduras. La mayoría de los embajadores acreditados en Cuba, no sabemos si cumpliendo instrucciones de sus respectivos gobiernos o como negocio personal, cobraban el asilo a los que lo solicitaban, fueran militares, políticos o de la sociedad civil. El Embajador Alemán, desde el día primero de enero, hasta que terminó su misión de Embajador en Cuba, no pidió, ni aceptó (a los que le ofrecieron pagar el asilo), ¡ni un kilo prieto! a los que pretendieron sobornar al honesto diplomático. Cuando tuvimos conocimiento de nuestra fecha de salida, nuestro inolvidable padre, nos llevó a la Embajada regalos para el Embajador, su distinguida esposa y sus tres hijos (una bonita joven y dos varones, que no llegaban a los 15 años). Los hijos de Félix Ayón, hicieron lo mismo, llevándole regalos a su papá, para que se los diese al Embajador y su familia.
Al hacerles entrega Félix Ayón y nosotros de los regalos a Don Paco y su familia, el insulto del Embajador fue bien grande. Su cara se tornó roja y los ojos, parecían quererse salir de la córnea. Utilizando Félix y nosotros, todo nuestro lenguaje político y valiéndonos de los hijos y la esposa, fuimos calmándolo y logrando bajara el tono de su indignación. Entre sus argumentos que nos exponía, era que: “aceptar esos regalos, sería como si estuviésemos sobornándolo por el asilo. Que el sólo cumplía con el tratado internacional de su país, sobre el Asilo Político“. Para no aburrirlos, no repetiremos lo que Félix Ayón y nosotros, argumentamos, para calmarlo y que toda la familia Alemán, aceptara nuestros presentes.
En el viaje hacia Rancho Boyeros, muy cerca de la embajada de Honduras, se encontraba la del Salvador. Allí se detuvo el carro oficial de Honduras y se unió a nosotros el Embajador de El Salvador y un asilado político que se iría en el mismo avión que nosotros, nada menos que se trataba de nuestro inolvidable amigo y hombre fuera de serie, por su honestidad, caballerosidad. talento y patriotismo, el Dr. Ricardo Equiliot, que había sido Ministro de Justicia y Ministro de Comunicaciones.
Ya en la escalerilla del “pájaro de hierro”, que nos llevaría a Honduras, nos dirigimos al Senador Ayón y al Ministro Equiliot, diciéndoles, cito: “Fíjense bien en esas palmas cubanas, porque vamos a estar 20 años sin volver a verlas” cierro la cita. ¡Qué equivocada nos dimos! Han pasado 52 años, 4 meses y 27 días, desde el fatídico primero de enero de 1959, en que Cuba perdió su libertad. El viaje hacia el destierro, íbamos conversando como sería la nueva vida que nos esperaba a los tres lejos de la patria. El más optimista éramos nosotros, quizás por nuestra edad, al día siguiente cumpliría 33 años. Ellos, ya mayores, recordando lo que les había pronosticado, nos decían “si esto dura mucho, nosotros no veremos la libertad de Cuba”. En efecto. Hace ya años, los dos grandes amigos y grandes cubanos, nos abandonaron, pero hasta el último día que vivieron. Trabajaron por la libertad de Cuba. Dios los tenga en la Gloria, porque se la ganaron.
Al pasar por las autoridades de inmigración y aduanales en Honduras, un inspector de inmigración, nos dice muy eufórico: Dr. Rodríguez, ¡Felicidades!, al indagar el motivo, nos dice, cito: “es que mañana día 28 es su cumpleaños”, cierro la cita. Respondiéndole rápidamente, cito: “como Ud. Piensa que habiendo dejado hace unas horas a mi patria, en contra de mi voluntad, usurpada por unos asesinos, voy a tener felicidad”. Aquel hombre, apenado por haber cometido una imprudencia, nos consoló diciéndonos, cito: “Ud. verá que pronto Cuba se volverá a arreglar y podrá regresar” (¿).
Un grupo de compatriotas que nos esperaban, al oír que sería nuestro cumpleaños, nos dijeron, cito: “tenemos que celebrar tu nueva vida, ya que te salvaste del castrato. Iremos esta noche a un cabaret, muy parecido a Tropicana, no tan grande ni bonito, pero te gustará”, cierro la cita.
Después de dejar en el hotel a Félix y la esposa, así como de darnos una buena ducha, salimos con los compatriotas hacia el pequeño “Tropicana”, según ellos. Esto del hotel, merece un artículo, que, si a los que lean este, les interesa, con mucho gusto se los narraremos.
Al llegar al “Pequeño Tropicana”, como ellos nos habían dicho, nos encontramos que se trataba de un salón de unos 60’ X 30’, más o menos (más bien menos, que más), una plataforma o escenario, con cuatro músicos tocando y en el salón unas 6 mesas. Después de tomarnos 2 tragos cada uno de los asistentes, que éramos 6, contándonos nosotros y más de las 12 de la noche. Pedimos parlamento, explicándoles, que estaba levantado desde las 4 de la madrugada, más el cansancio del viaje, más el hambre que tenía, porque en el Pequeño “Tropicana”, no había nada para comer, sólo bebestibles.
Ya en la calle, nos percatamos que no había nada abierto a esa hora. Paramos a un policía que viajaba en su bicicleta, indagando a donde pudiéramos ir a comer, ya que éramos turistas y no conocíamos la ciudad. El vigilante, un poco aturdido, nos dijo, cito: “a esta hora, puede ser que este abierto (y nos dio el nombre que no recuerdo) en la Plaza de la ciudad”. No dejamos, que terminara la frase, el que manejaba, piso el acelerador del cacharro que tenía, gritándole al policía, gracias, ya sé donde es” cierro la cita. Al llegar a la plaza, el propietario del “restaurante”, estaba barriendo el local y al preguntarle por comida, nos dijo con mucha pena, cito: “ya estoy cerrando y lo único que tengo es sopa”. No dejamos que nuestros compatriotas opinaran, con el hambre que este servidor tenía, le dijimos, cito “no se preocupe, tráiganos la sopa” cierro la cita. Pasaron unos 20 minutos, que me parecieron 20 horas, el pobre hombre se apareció con seis platos de sopa (¿) que en el trascurso de los años, todavía no se de que rayos era la sopa. Vi que era un líquido verde, color lino del río “Canimar”. Pero también en los años transcurridos, declaro, que me supo a Gloria, como si fuera el mejor manjar del mundo.
Así comenzaba la nueva vida de un desterrado cubano, Pero como dijo Martí “Sin Patria, pero sin amo”.
*El autor fue miembro de la Cámara de Representantes de Cuba por la Provincia de Matanzas.
domingo, 23 de mayo de 2010
Un día como hoy…
Un día como hoy, en 1859, nació el Dr. Luís Adán Galarreta, destacado médico y Representante a la Cámara.
También un día como hoy, en 1889, nació el Dr. Emeterio S. Santovenia Echaide, historiador, periodista, Secretario de la Presidencia, Senador y Ministro de Estado
También un día como hoy, en 1889, nació el Dr. Emeterio S. Santovenia Echaide, historiador, periodista, Secretario de la Presidencia, Senador y Ministro de Estado
domingo, 16 de mayo de 2010
Evento en memoria del Dr. Rafael Díaz-Balart Gutiérrez
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martes, 23 de marzo de 2010
Un día como hoy…
Un día como hoy, en 1814, nació en Camagüey la eminente escritora y poeta cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga. Esta es la portada de la revista Carteles del 23 de marzo de 1952. También un día como hoy, en 1862, nació el Dr. Ezequiel García Enseñat, Representante a la Cámara, Secretario de Instrucción Pública, Catedrático de Historia y Bibliotecario de la Universidad de La Habana.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Un día como hoy
Un día como hoy, en 1880, nació el Dr. José Manuel Cortina García, eminente abogado, orador, escritor y político. Ocupó los cargos de Delegado ante la Liga de las Naciones, Secretario de la Presidencia, Secretario y Ministro de Estado, Senador, Representante, y Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940.
jueves, 14 de enero de 2010
LEYENDAS DE LA CONSTITUYENTE DE 1940
Miguel Suárez Fernández
Por: Daniel I. Pedreira
La Asamblea Constituyente de 1940 estuvo compuesta por hombres y mujeres que, en muchos casos, a penas comenzaban su carrera política y llegarían a ocupar puestos claves en el gobierno cubano. Uno de los políticos más destacados que salió de aquella Asamblea fue Miguel Suárez Fernández.
Miguel Ángel Suárez Fernández nació en Placetas, Las Villas, el 5 de julio de 1902. Su padre, el Dr. Miguel A. Suárez Gutiérrez, era abogado y llegaría a ser Senador por Las Villas y Secretario de Comercio en el gobierno del Presidente Carlos Mendieta Montefur. “Miguelito,” como le llamaban, estudió en el colegio de Belén en La Habana, y luego se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana. Luego ocupó el cargo de Registrador de la Propiedad en Guanabacoa y fue miembro del Partido Unión Nacionalista. En 1939 fue electo Delegado a la Asamblea Constituyente por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Según el historiador Néstor Carbonell Cortina, “allí se midió con los grandes en diversos debates, y demostró tener temple para combatir y sagacidad para aunar voluntades.” Luego fue electo Representante y Senador por Las Villas, siempre con el número uno por el P.R.C.(A). Su inmensa popularidad y poder político en su provincia natal hizo que lo llamaran “el Zar de Las Villas.” El Dr. Suárez Fernández fue el líder de la interpelación del gabinete del Presidente Fulgencio Batista Zaldívar y fue el autor intelectual del voto directo para Presidente, el cual llevó al Dr. Ramón Grau San Martín a la Presidencia. Fue Presidente del Senado desde 1945 hasta 1950.
Quiso postularse a la Presidencia de la República en las elecciones de 1948 y creó el Tercer Frente, usando el lema “Al Combate.” Al no poder presentar las candidaturas de su partido, no participó en las elecciones. Se retiró de la política y fue a España. Poco tiempo después, regresó a Cuba y ayudó al Dr. Carlos Prio Socarrás a salir electo a la Presidencia al ganar la Provincia de Las Villas para el P.R.C.(A). En 1950, el Presidente Prío Socarrás lo nombró Ministro de Estado, cargo que ocupó hasta 1951. Como Ministro, el Dr. Suárez Fernández firmó el último pacto con los Estados Unidos sobre el diferencial azucarero.
Al llegar el castrismo a Cuba, el Dr. Suárez Fernández salió hacia Venezuela, luego a Puerto Rico y, finalmente, a Miami. En Miami trabajó en una organización anti-castrista y luego en el bufete de abogados de su hijo, Miguel Ángel. Allí murió el 19 de enero de 1968, víctima de un ataque masivo al corazón, el mismo día del cumpleaños de su hijo.
Estudiando las vidas de los Delegados a la Asamblea Constituyente de 1940 nos puede iluminar al estudiar las posibilidades para un estado de derecho en una Cuba futura. Al cumplirse 42 años de su fallecimiento y 70 de su valiosa actuación en la Asamblea Constituyente, el legado del Dr. Miguel Suárez Fernández necesita mantenerse vivo para ayudar a construir la Cuba futura.
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martes, 5 de enero de 2010
Román Nodal Jiménez
Por Daniel I. Pedreira
Al recordar a todos los cubanos que enaltecieron a la República de Cuba durante su época pre-castrista, normalmente se omiten a aquellos que permanecieron en Cuba bajo la dictadura. Muchos de estos cubanos vivieron sus últimas décadas en una Cuba dividida y oprimida. A pesar de esto, no dejaron de vivir con esperanza y dignidad. Al Sr. Román Nodal Jiménez, uno de los políticos más destacados de Cuba, le tocó vivir esta situación.
El Sr. Nodal nació en Unión de Reyes, Matanzas en 1906. Estudió el Bachillerato en Candler College en La Habana y cursó los estudios superiores en la Escuela de Técnicos Azucareros, graduándose de químico. Fue asignado delegado ante la Asociación Nacional de la Industria Azucarera y luego fue ascendido a jefe. Integró la comisión que hizo el mapa de Cuba con el análisis y la calificación de las tierras. También fue inspector de enfermedades de la caña, encargado de 16 ingenios. A los 25 años de edad fue nombrado segundo administrador de un ingenio. Fue electo consejero provincial de Matanzas, pero poco después perdió su cargo en elecciones complementarias. En 1933, al llevarse a cabo la reorganización de la compañía, fue asignado para administrar un ingenio, pero declinó el nombramiento para trasladarse a La Habana.
Allí comenzó su carrera en el servicio público al ser nombrado jefe de un departamento en la Secretaría de Obras Públicas. Siendo Presidente del Partido Conservador en la Provincia de Matanzas, en 1936, fue electo Representante a la Cámara. Fue reelecto en 1940, 1944 y 1948, esta vez por el Partido Republicano.
El Representante Nodal fue el autor del Inciso K de la Ley número 7 del 5 de abril de 1943, relacionada con los Presupuestos Nacionales. Por medio de este Inciso fueron creadas cinco mil aulas a lo largo de la isla. Fue nombrado Vicepresidente de la Cámara de Representantes y Presidente de la Comisión de Hacienda y Presupuestos de dicho cuerpo legislativo. También logró ayudar a su pueblo natal de Unión de Reyes. Logró conseguir créditos para la reconstrucción del acueducto y para la compra de una ambulancia. También cooperó con la Comisión de las Fuerzas Vivas del Término Municipal de Unión de Reyes, la cual gestionó que el gobierno impidiera la demolición del Central Santo Domingo.
En 1947, el Presidente Ramón Grau San Martín lo nombró Ministro de Agricultura. Estando al mando del Ministerio, manejó la venta de la primera zafra tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta negociación se llevó a cabo en La Habana con el Secretario de Agricultura de los Estados Unidos, Clinton P. Anderson, enviado por el presidente Harry S. Truman. A causa de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno cubano había reducido el precio del azúcar como contribución cubana a los Aliados. Sin embargo, al terminar la Guerra, los Estados Unidos continuaba pagando el azúcar a precios reducidos. El Presidente Grau ordenó la paralización de los embarques de azúcar a los Estados Unidos hasta que se reanudaran los pagos al costo establecido antes de la Guerra.
Durante las elecciones de 1948, el Dr. Nodal ingresó en el Partido Demócrata, el cual había formado una coalición con el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Su candidato presidencial, el Dr. Carlos Prío Socarrás, ganó esos comicios, y este lo nombró Ministro de Defensa Nacional. Durante esta época también ocupó la presidencia de la Asamblea Nacional de la Asociación Nacional de Ganaderos de Cuba.
El Ministro Nodal cesó su cargo repentinamente el 10 de marzo de 1952 tras el golpe de estado del General Fulgencio Batista. En 1956, salió electo Senador por Matanzas por el Partido Auténtico y luego fue nombrado Vicepresidente del Senado. De nuevo, cesó su cargo legislativo el 1 de enero de 1959 al caer el gobierno del General Batista e instaurarse el castrismo.
Mientras que la persecución y los fusilamientos forzaron el destierro de la mayoría de los políticos cubanos, el Dr. Nodal se quedó en Cuba. Durante dos años permaneció bajo arresto por el régimen castrista, el cual investigaba la procedencia de sus bienes. El humillante proceso solo probó su inocencia.
Vivió sus últimos años con dignidad en Cuba. Retirado de la vida política y laboral, se dedicó a criar pollos en incubadoras y a llevar a cabo modestas actividades granjeras en el patio de su casa. Tras la invasión de Playa Girón, fue detenido tras conocerse de la participación de su hijo, Rodolfo, en la Brigada de Asalto 2506. Falleció en su residencia en Miramar el 21 de enero de 1982. Tanto su estado de ánimo como su filosofía sobre la vida resuenan en sus palabras: “Ya en la senectud, con los deseos apagados, los instintos dormidos y los entusiasmos en reposo, con la voz de la conciencia, que es la que había más alto en esta edad, sin reproches ni admoniciones que quitan el sueño y traen la angustia al espíritu, vivo mis últimos días.”
Estuvo casado con Ofelia Tarafa de Cárdenas y juntos tuvieron tres hijos, Marta, Elena y Rodolfo. Este último lo recuerda como “un hombre público excepcional por el estricto cumplimiento de su palabra y su generoso espíritu de servicio. Recorría la Provincia de Matanzas con él y recuerda “como salían de los lugares más recónditos del campo personas agradecidas por su servicio a saludarlo afectuosamente (a ‘Román’ o a ‘Nodal,” como le llamaban).”
La vida del Sr. Nodal es un ejemplo de dignidad y honor ante la opresión y la tiranía. Estos valores necesitan servir de cimientos para la Cuba futura.
sábado, 26 de diciembre de 2009
De las páginas de Libre

Fernando Ortiz
Escrito por Dr. Orlando Gómez-Gil
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Mientras otros escritores trataron de explicarse la naturaleza íntima e intríseca de Cuba a través de otros factores, Fernando Ortiz (1881- 1969) intentó hacerlo mediante la sociología. En este campo se sitúa a gran distancia de los demás pensadores. El gran escritor nació en La Habana el 16 de julio de 1881. Vivió sus primeros cuatro años en la Isla de Menorca, tierra de su madre. Regresa a Cuba cuando la historia de la Isla es dramáticamente extraordinaria: está en pleno acontecer la Guerra del 95 – “la guerra de Martí”- y en 1898 se producen la Guerra Americana-cubana- española y la intervención norteamericana. Se gradúa de abogado en la Escuela de Leyes de la Universidad de La Habana. Pero a los veinte años, en enero de 1900, sale de Cuba. Hizo estudios muy profundos y abarcadores sobre los elementos étnicos que componen el país, sobre el juego de los productos cubanos en el proceso histórico y el carácter del cubano y, finalmente, tocó aspectos de la historia de Cuba nunca antes estudiados.
Poco tiempo después está de vuelta en La Habana. De ahora en adelante ocupará posiciones importantes dentro de la administración pública de la Patria. En 1903 don Tomás Estrada Palma lo designa cónsul y llega a ser secretario de la delegación cubana sirviendo en Marsella, la Coruña, París y otros lugares. Sus inquietudes lo llevan a Italia con el ánimo de estudiar criminología y se hace amigo y discípulo de Cesar Lombroso, que brillaba en esta materia. A pesar del prestigio de que gozaba en esa época, muchas de las teorías de ese autor han caído, víctimas del implacable paso del tiempo.
Dos años después regresa a La Habana y en 1905 don Tomás lo nombra Fiscal de la Audiencia de La Habana. Lo invitan a ser miembro de la prestigiosa Sociedad Económica de Amigos del País. La “Revista Bimestre”, fundada por el gran reformista José Antonio Saco, había dejado de publicarse y Ortiz toma su dirección y le da nueva vida. Pero sus ascensos continúan: ahora es catedrático de Derecho Público en la Escuela de Leyes de la Universidad de La Habana. Siente entonces un llamado más alto, el de la política y es electo Representante a la Cámara, donde permanecerá por diez años. El no puede negar el intelectual que lleva dentro y en 1926, funda con otros intelectuales la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura. Poco tiempo después tiene lugar una de sus grandes realizaciones: la publicación de la Colección de Libros Cubanos en la editorial “La Moderna Poesía”. No solamente escribe algunos textos, sino compone las introducciones de cada obra.
El reloj de la historia marca uno de los momentos más dramáticos en el proceso histórico de Cuba: Gerardo Machado, que ha sido un presidente muy constructivo, se deja seducir por los que lo halagan, se cree “imprescindible” y orquesta su reelección y la prórroga de poderes. Vemos entonces a Fernando Ortiz fijar su residencia en Washington, D.C. donde puede ser más útil a Cuba que permaneciendo en ella.
Pero hagamos un paréntesis para estudiar algunas obras donde muestra su aguda y sagaz pupila de sociólogo, uno de los más grandes que ha dado Cuba. En 1906 publica “El Hampa antillana: los negros brujos”; a los que seguirán: “El engaño de las razas” ; “Hampa cubana: los negros esclavos”; y los cinco volúmenes de “Los instrumentos de la música cubana”. En estos libros destaca el papel de lo étnico, tanto en el carácter, la idiosincracia y el desarrollo histórico de la isla. Son estudios que se caracterizan por su profundidad, riqueza y precisión de datos y el ojo avizor de un gran investigador.
Hacia 1913 sus preocupaciones toman un nuevo rumbo, pero siempre prevaleciendo el interés por lo cubano. Publica entonces “La reconquista de América”; “José Antonio Saco y sus ideas cubanas”; “Las cuatro culturas indias”; “La tragedia de los ñáñigos”; “La Transculturación blanca de los tambores negros”. La obra más importante de esta época y , sin duda alguna, su obra maestra y la más leída y comentada lleva por título: “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”. Aquí plantea una idea sumamente original, la influencia determinante que las producciones económicas ejercen sobre el carácter cubano y sobre el desarrollo no solamente económico, sino también político y social. Ya sabemos que esos productos han sido los fundamentales en la economía cubana, no sólo de esa época, sino de todos los tiempos.
Entre 1919 y 1927 el Dr. Ortiz deambula por problemas más universales. La misma sabiduría y profundidad que hemos visto en sus temas anteriores son fácilmente reconocibles en las obras de ahora, donde sobresalen: “La crisis cubana: sus causas y sus remedios”( 1917); “Las fases de la evolución religiosa”(1919) ; “La paz de versalles” (1920); “La decadencia cubana” (1924); “La fiesta afro-cubana del Día de los reyes Magos” (1926); “Las relaciones económicas de Cuba con los Estados Unidos” (1927); “Los factores humanos de la cubanidad” (1941); “Por una escuela cubana en Cuba” (1941).
Para no hacer este ensayo interminable vamos sólo a recordar que también meditó y escribió mucho sobre temas jurídicos y legales. La fama de sus libros trascendió el mero marco de la Isla, para ganar resonancia en Europa, sobre todo en España, Italia, Francia y otros países. Fue un gran admirador del más sobresaliente ensayista español, Don José Ortega y Gasset, cuyo pensamiento conocía al dedillo. Fue miembro prominente del Pen Club de Escritores, donde se mostró siempre muy activo. Ya en su ancianidad y como muestra de este fervoroso intelectual, comenzó a publicar la revista “Ultra” que recogía gran variedad de temas.
Llega entonces la crisis más grave que ha sufrido el pueblo cubano. Corre el año 1959. Una revolución que predicaba la vuelta de Cuba a la democracia, se convierte, por las ambiciones de poder de su líder, en una dictadura unipersonal perpetua, basada en las doctrinas del marxismo leninismo. En ese año don Fernando cumple setenta y ocho años, edad muy dificil para tomar los caminos del exilio. Permanece en Cuba, dedicado a su labor de investigador y escritor, pero no se le puede acusar de apoyo ni colaboración con el régimen maldito. El gran erudito, sociólogo, escritor, profesor, periodista falleció en La Habana el 10 de abril de 1969 a los ochenta y ocho años. Y terminemos con esta afirmación basada en la verdad: su interés por desentrañar la esencia de su país mediante el análisis de lo racial, lo sicológico y económico responden a un supremo ideal: el destino de Cuba.
Escrito por Dr. Orlando Gómez-Gil
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Mientras otros escritores trataron de explicarse la naturaleza íntima e intríseca de Cuba a través de otros factores, Fernando Ortiz (1881- 1969) intentó hacerlo mediante la sociología. En este campo se sitúa a gran distancia de los demás pensadores. El gran escritor nació en La Habana el 16 de julio de 1881. Vivió sus primeros cuatro años en la Isla de Menorca, tierra de su madre. Regresa a Cuba cuando la historia de la Isla es dramáticamente extraordinaria: está en pleno acontecer la Guerra del 95 – “la guerra de Martí”- y en 1898 se producen la Guerra Americana-cubana- española y la intervención norteamericana. Se gradúa de abogado en la Escuela de Leyes de la Universidad de La Habana. Pero a los veinte años, en enero de 1900, sale de Cuba. Hizo estudios muy profundos y abarcadores sobre los elementos étnicos que componen el país, sobre el juego de los productos cubanos en el proceso histórico y el carácter del cubano y, finalmente, tocó aspectos de la historia de Cuba nunca antes estudiados.
Poco tiempo después está de vuelta en La Habana. De ahora en adelante ocupará posiciones importantes dentro de la administración pública de la Patria. En 1903 don Tomás Estrada Palma lo designa cónsul y llega a ser secretario de la delegación cubana sirviendo en Marsella, la Coruña, París y otros lugares. Sus inquietudes lo llevan a Italia con el ánimo de estudiar criminología y se hace amigo y discípulo de Cesar Lombroso, que brillaba en esta materia. A pesar del prestigio de que gozaba en esa época, muchas de las teorías de ese autor han caído, víctimas del implacable paso del tiempo.
Dos años después regresa a La Habana y en 1905 don Tomás lo nombra Fiscal de la Audiencia de La Habana. Lo invitan a ser miembro de la prestigiosa Sociedad Económica de Amigos del País. La “Revista Bimestre”, fundada por el gran reformista José Antonio Saco, había dejado de publicarse y Ortiz toma su dirección y le da nueva vida. Pero sus ascensos continúan: ahora es catedrático de Derecho Público en la Escuela de Leyes de la Universidad de La Habana. Siente entonces un llamado más alto, el de la política y es electo Representante a la Cámara, donde permanecerá por diez años. El no puede negar el intelectual que lleva dentro y en 1926, funda con otros intelectuales la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura. Poco tiempo después tiene lugar una de sus grandes realizaciones: la publicación de la Colección de Libros Cubanos en la editorial “La Moderna Poesía”. No solamente escribe algunos textos, sino compone las introducciones de cada obra.
El reloj de la historia marca uno de los momentos más dramáticos en el proceso histórico de Cuba: Gerardo Machado, que ha sido un presidente muy constructivo, se deja seducir por los que lo halagan, se cree “imprescindible” y orquesta su reelección y la prórroga de poderes. Vemos entonces a Fernando Ortiz fijar su residencia en Washington, D.C. donde puede ser más útil a Cuba que permaneciendo en ella.
Pero hagamos un paréntesis para estudiar algunas obras donde muestra su aguda y sagaz pupila de sociólogo, uno de los más grandes que ha dado Cuba. En 1906 publica “El Hampa antillana: los negros brujos”; a los que seguirán: “El engaño de las razas” ; “Hampa cubana: los negros esclavos”; y los cinco volúmenes de “Los instrumentos de la música cubana”. En estos libros destaca el papel de lo étnico, tanto en el carácter, la idiosincracia y el desarrollo histórico de la isla. Son estudios que se caracterizan por su profundidad, riqueza y precisión de datos y el ojo avizor de un gran investigador.
Hacia 1913 sus preocupaciones toman un nuevo rumbo, pero siempre prevaleciendo el interés por lo cubano. Publica entonces “La reconquista de América”; “José Antonio Saco y sus ideas cubanas”; “Las cuatro culturas indias”; “La tragedia de los ñáñigos”; “La Transculturación blanca de los tambores negros”. La obra más importante de esta época y , sin duda alguna, su obra maestra y la más leída y comentada lleva por título: “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”. Aquí plantea una idea sumamente original, la influencia determinante que las producciones económicas ejercen sobre el carácter cubano y sobre el desarrollo no solamente económico, sino también político y social. Ya sabemos que esos productos han sido los fundamentales en la economía cubana, no sólo de esa época, sino de todos los tiempos.
Entre 1919 y 1927 el Dr. Ortiz deambula por problemas más universales. La misma sabiduría y profundidad que hemos visto en sus temas anteriores son fácilmente reconocibles en las obras de ahora, donde sobresalen: “La crisis cubana: sus causas y sus remedios”( 1917); “Las fases de la evolución religiosa”(1919) ; “La paz de versalles” (1920); “La decadencia cubana” (1924); “La fiesta afro-cubana del Día de los reyes Magos” (1926); “Las relaciones económicas de Cuba con los Estados Unidos” (1927); “Los factores humanos de la cubanidad” (1941); “Por una escuela cubana en Cuba” (1941).
Para no hacer este ensayo interminable vamos sólo a recordar que también meditó y escribió mucho sobre temas jurídicos y legales. La fama de sus libros trascendió el mero marco de la Isla, para ganar resonancia en Europa, sobre todo en España, Italia, Francia y otros países. Fue un gran admirador del más sobresaliente ensayista español, Don José Ortega y Gasset, cuyo pensamiento conocía al dedillo. Fue miembro prominente del Pen Club de Escritores, donde se mostró siempre muy activo. Ya en su ancianidad y como muestra de este fervoroso intelectual, comenzó a publicar la revista “Ultra” que recogía gran variedad de temas.
Llega entonces la crisis más grave que ha sufrido el pueblo cubano. Corre el año 1959. Una revolución que predicaba la vuelta de Cuba a la democracia, se convierte, por las ambiciones de poder de su líder, en una dictadura unipersonal perpetua, basada en las doctrinas del marxismo leninismo. En ese año don Fernando cumple setenta y ocho años, edad muy dificil para tomar los caminos del exilio. Permanece en Cuba, dedicado a su labor de investigador y escritor, pero no se le puede acusar de apoyo ni colaboración con el régimen maldito. El gran erudito, sociólogo, escritor, profesor, periodista falleció en La Habana el 10 de abril de 1969 a los ochenta y ocho años. Y terminemos con esta afirmación basada en la verdad: su interés por desentrañar la esencia de su país mediante el análisis de lo racial, lo sicológico y económico responden a un supremo ideal: el destino de Cuba.
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