Periodista, escritor, orador, político y hombre de un prestigio insoslayable y puro. Conoció a Francisco Vicente Aguilera en París y en 1879 comenzó a conspirar junto a Martí. En 1880 fue apresado, juzgado y deportado a Ceuta cumpliendo una larga condena. En España intimó con un Don Rafael María de Labra (nacido en Cuba y desde niño llevado a Madrid) quien lo ayudó en todo y lo presentó en el Ateneo de Madrid donde ofreció varias conferencias siendo aclamado por consagrados políticos, escritores, poetas y grandes hombres españoles que se oponían a las colonizaciones.
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martes, 29 de noviembre de 2011
Juan Gualberto Gómez Ferrer: un ilustre matancero
Escrito por José (Pepe) Martel. Publicado en Libre el lunes, 21 de Noviembre de 2011
Esa provincia de Cuba, Matanzas, conocida como “La Atenas” ha dado grandes hombres y uno de ellos este gran patriota cubano nacido en uno de sus municipios, Sabanilla del Encomendador. Hijos de esclavos pero libre de cadenas ya que sus padres lograron ahorrar unos pesos y pagarle al amo su libertad conocida en aquellos tiempos como ... De ese modo Juan Gualberto nació libre y con iguales derechos que cualquier cubano de aquella época de colonialismo y esclavitud.
Desde sus primeros años se le observó talento, formación, carácter y patriotismo íntegro muy a pesar de su color negro se desarrolló sin alentar racismo alguno. Luchó con tenacidad y fervor por la mejoría de su clase y por los derechos humanos de todos los cubanos aspirantes a vivir en libertad.
Fue en todo momento de su vida un compañero inseparable de José Martí, quienes se llamaban hermanos.
Periodista, escritor, orador, político y hombre de un prestigio insoslayable y puro. Conoció a Francisco Vicente Aguilera en París y en 1879 comenzó a conspirar junto a Martí. En 1880 fue apresado, juzgado y deportado a Ceuta cumpliendo una larga condena. En España intimó con un Don Rafael María de Labra (nacido en Cuba y desde niño llevado a Madrid) quien lo ayudó en todo y lo presentó en el Ateneo de Madrid donde ofreció varias conferencias siendo aclamado por consagrados políticos, escritores, poetas y grandes hombres españoles que se oponían a las colonizaciones.
Periodista, escritor, orador, político y hombre de un prestigio insoslayable y puro. Conoció a Francisco Vicente Aguilera en París y en 1879 comenzó a conspirar junto a Martí. En 1880 fue apresado, juzgado y deportado a Ceuta cumpliendo una larga condena. En España intimó con un Don Rafael María de Labra (nacido en Cuba y desde niño llevado a Madrid) quien lo ayudó en todo y lo presentó en el Ateneo de Madrid donde ofreció varias conferencias siendo aclamado por consagrados políticos, escritores, poetas y grandes hombres españoles que se oponían a las colonizaciones.
De regreso a Cuba fundó el periódico El Separatista en La Habana. Oficialmente Juan Gualberto era el representante de Martí y tenía la plena autoridad y amplia responsabilidad en dictar instrucciones para cada grupo, movimiento, agrupación clandestina y coordinación de la guerra. El día 29 de enero de 1895 Martí le escribía a Juan Gualberto de puño y letra dándole las instrucciones del acuerdo suscrito en Nueva York con la firma de José Martí y José María Rodríguez en nombre del Generalísimo Máximo Gómez y Enrique Collazo.
En los primero días de febrero de 1895 sale de La Habana rumbo a Oriente para coordinar las futuras acciones de los movimientos alzados y el 24 de ese mes se alzaba cumpliendo sus órdenes el General Bartolomé Masó en Manzanillo. Sucesivos alzamientos en Guantánamo, Bayate, Baire y Jagüey Grande. Juan Gualberto lo hacía en el poblado oriental de Ibarra junto a Antonio López Coloma. Aquellos intentos fracasan por la no llegada de desembarcos de hombres y armas del exterior y solo el General Masó y su tropa pudo entablar combates con el enemigo.
El 2 de marzo de 1895 cayó prisionero de los españoles y conducido a La Habana ante el sanguinario capitán Calleja. Sometido a interrogatorios y torturas fue llevado a varias prisiones donde su calvario fue muy doloroso. No delató ni dijo lo que las autoridades españolas querían saber por lo cual la primera petición pena de muerte y al final 20 años de prisión y de nuevo deportado a Ceuta el 3 de septiembre de 1895. Más tarde trasladado a la cárcel de Valencia y en 1897 de vuelta a Cuba encerrado en las mazmorras de La Cabaña en ocasión de dictar el gobierno español las reformas autonómicas para la isla. Los desembarcos de Máximo Gómez y José Martí en Dos Ríos, la muerte de Martí en combate fueron acontecimientos que entristecieron su vida, no solo por el cariño y afectos que había entre ambos sino por el vacío que dejaba aquella muerte en las horas que más lo necesitaba la causa.
Ya liberado continuó luchando por la libertad de Cuba y más por la organización de la república. Integró la Asamblea de Santa Cruz (después Cerro) y ejerció en ella mucha influencia junto a Manuel Sanguily. Fue delegado de la Asamblea Constituyente de 1901 y un batallador incansable para la creación de la Carta Constitucional para la república y un opositor vehemente contra la Enmienda Platt. Su labor parlamentaria, política y periodista fue muy importante en aquellos tiempos de fundación de la nueva Cuba. Miembro del Partido Unión Democrática (PUD) junto al general Masó que discutía la presidencia frente a Tomás Estrada Palma, candidato favorito del gobierno norteamericano de turno y Juan Gualberto aspirante a representante a la Cámara. Las reiteradas disputas del general Masó con el gobernador Wood (amigo de JGG) produjeron un alineamiento con Alfredo Zayas, con quien hizo política hasta su muerte.
A la caída de Tomás Estrada Palma trabajó intensamente para sacar a los cubanos de esa intransigencia política que los embargaba. Las personas que lo conocieron destacan su inmenso talento, amplísima cultura y patriotismo inigualable. Fue un asistente sistemático a las tertulias del abogado José Antolín del Cuesto en su bufete donde se reunía con personalidades de esa época como Rafael Montoro, Fernández Marcané, Hernández Cartaya, Sánchez Bustamante y otros sabios cubanos.
Falleció en 1933 sin quejarse de nadie, sin acusar a nadie, aunque sorprendido por los caminos que tomaba Cuba con sus nuevas generaciones después de la caída del general Gerardo Machado.
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domingo, 5 de junio de 2011
Páginas inolvidables
Por Roberto Rodríguez de Aragón*
Publicado en Libre
Cuando escribimos este artículo, para el querido semanario “LIBRE”, (mayo 27 de 2011), estamos cumpliendo 52 años de haber salido de nuestra querida e inolvidable patria. Serían las 10: 00 a.m, cuando acompañados por el Embajador de Honduras, el inolvidable Don Francisco Alemán, salimos de la embajada del querido país, rumbo al aeropuerto de Rancho Boyeros, en nuestra condición de asilado político. Junto con nosotros y por las mismas causas, estaba el Senador por la Provincia de La Habana, el inolvidable, gran amigo y magnífico político, Félix Ayón, su esposa se le uniría en el aeropuerto, para salir junto a Félix hacia el destierro. En la Embajada, quedaba nuestro buen amigo, Comandante Wilfredo Suárez Suquet, pundonoroso militar, que pasaba por el dolor de haber perdido a su hermano, Coronel Suárez Suquet, asesinado en la ciudad de Camagüey, frente al paredón de fusilamientos, amarrado a un árbol, por no poderse sostener en sus pies, debido a las heridas causadas, combatiendo a los castro-comunistas. Era jefe militar de esa provincia, el miembro del Movimiento “26 de Julio”, Comandante Huber Matos, exilado como nosotros, al sentirse engañado por el castrato, que lo condenó a muchos años de cárcel.
Queremos dedicarle un recuerdo a Don Paco Alemán, Embajador de Honduras. La mayoría de los embajadores acreditados en Cuba, no sabemos si cumpliendo instrucciones de sus respectivos gobiernos o como negocio personal, cobraban el asilo a los que lo solicitaban, fueran militares, políticos o de la sociedad civil. El Embajador Alemán, desde el día primero de enero, hasta que terminó su misión de Embajador en Cuba, no pidió, ni aceptó (a los que le ofrecieron pagar el asilo), ¡ni un kilo prieto! a los que pretendieron sobornar al honesto diplomático. Cuando tuvimos conocimiento de nuestra fecha de salida, nuestro inolvidable padre, nos llevó a la Embajada regalos para el Embajador, su distinguida esposa y sus tres hijos (una bonita joven y dos varones, que no llegaban a los 15 años). Los hijos de Félix Ayón, hicieron lo mismo, llevándole regalos a su papá, para que se los diese al Embajador y su familia.
Al hacerles entrega Félix Ayón y nosotros de los regalos a Don Paco y su familia, el insulto del Embajador fue bien grande. Su cara se tornó roja y los ojos, parecían quererse salir de la córnea. Utilizando Félix y nosotros, todo nuestro lenguaje político y valiéndonos de los hijos y la esposa, fuimos calmándolo y logrando bajara el tono de su indignación. Entre sus argumentos que nos exponía, era que: “aceptar esos regalos, sería como si estuviésemos sobornándolo por el asilo. Que el sólo cumplía con el tratado internacional de su país, sobre el Asilo Político“. Para no aburrirlos, no repetiremos lo que Félix Ayón y nosotros, argumentamos, para calmarlo y que toda la familia Alemán, aceptara nuestros presentes.
En el viaje hacia Rancho Boyeros, muy cerca de la embajada de Honduras, se encontraba la del Salvador. Allí se detuvo el carro oficial de Honduras y se unió a nosotros el Embajador de El Salvador y un asilado político que se iría en el mismo avión que nosotros, nada menos que se trataba de nuestro inolvidable amigo y hombre fuera de serie, por su honestidad, caballerosidad. talento y patriotismo, el Dr. Ricardo Equiliot, que había sido Ministro de Justicia y Ministro de Comunicaciones.
Ya en la escalerilla del “pájaro de hierro”, que nos llevaría a Honduras, nos dirigimos al Senador Ayón y al Ministro Equiliot, diciéndoles, cito: “Fíjense bien en esas palmas cubanas, porque vamos a estar 20 años sin volver a verlas” cierro la cita. ¡Qué equivocada nos dimos! Han pasado 52 años, 4 meses y 27 días, desde el fatídico primero de enero de 1959, en que Cuba perdió su libertad. El viaje hacia el destierro, íbamos conversando como sería la nueva vida que nos esperaba a los tres lejos de la patria. El más optimista éramos nosotros, quizás por nuestra edad, al día siguiente cumpliría 33 años. Ellos, ya mayores, recordando lo que les había pronosticado, nos decían “si esto dura mucho, nosotros no veremos la libertad de Cuba”. En efecto. Hace ya años, los dos grandes amigos y grandes cubanos, nos abandonaron, pero hasta el último día que vivieron. Trabajaron por la libertad de Cuba. Dios los tenga en la Gloria, porque se la ganaron.
Al pasar por las autoridades de inmigración y aduanales en Honduras, un inspector de inmigración, nos dice muy eufórico: Dr. Rodríguez, ¡Felicidades!, al indagar el motivo, nos dice, cito: “es que mañana día 28 es su cumpleaños”, cierro la cita. Respondiéndole rápidamente, cito: “como Ud. Piensa que habiendo dejado hace unas horas a mi patria, en contra de mi voluntad, usurpada por unos asesinos, voy a tener felicidad”. Aquel hombre, apenado por haber cometido una imprudencia, nos consoló diciéndonos, cito: “Ud. verá que pronto Cuba se volverá a arreglar y podrá regresar” (¿).
Un grupo de compatriotas que nos esperaban, al oír que sería nuestro cumpleaños, nos dijeron, cito: “tenemos que celebrar tu nueva vida, ya que te salvaste del castrato. Iremos esta noche a un cabaret, muy parecido a Tropicana, no tan grande ni bonito, pero te gustará”, cierro la cita.
Después de dejar en el hotel a Félix y la esposa, así como de darnos una buena ducha, salimos con los compatriotas hacia el pequeño “Tropicana”, según ellos. Esto del hotel, merece un artículo, que, si a los que lean este, les interesa, con mucho gusto se los narraremos.
Al llegar al “Pequeño Tropicana”, como ellos nos habían dicho, nos encontramos que se trataba de un salón de unos 60’ X 30’, más o menos (más bien menos, que más), una plataforma o escenario, con cuatro músicos tocando y en el salón unas 6 mesas. Después de tomarnos 2 tragos cada uno de los asistentes, que éramos 6, contándonos nosotros y más de las 12 de la noche. Pedimos parlamento, explicándoles, que estaba levantado desde las 4 de la madrugada, más el cansancio del viaje, más el hambre que tenía, porque en el Pequeño “Tropicana”, no había nada para comer, sólo bebestibles.
Ya en la calle, nos percatamos que no había nada abierto a esa hora. Paramos a un policía que viajaba en su bicicleta, indagando a donde pudiéramos ir a comer, ya que éramos turistas y no conocíamos la ciudad. El vigilante, un poco aturdido, nos dijo, cito: “a esta hora, puede ser que este abierto (y nos dio el nombre que no recuerdo) en la Plaza de la ciudad”. No dejamos, que terminara la frase, el que manejaba, piso el acelerador del cacharro que tenía, gritándole al policía, gracias, ya sé donde es” cierro la cita. Al llegar a la plaza, el propietario del “restaurante”, estaba barriendo el local y al preguntarle por comida, nos dijo con mucha pena, cito: “ya estoy cerrando y lo único que tengo es sopa”. No dejamos que nuestros compatriotas opinaran, con el hambre que este servidor tenía, le dijimos, cito “no se preocupe, tráiganos la sopa” cierro la cita. Pasaron unos 20 minutos, que me parecieron 20 horas, el pobre hombre se apareció con seis platos de sopa (¿) que en el trascurso de los años, todavía no se de que rayos era la sopa. Vi que era un líquido verde, color lino del río “Canimar”. Pero también en los años transcurridos, declaro, que me supo a Gloria, como si fuera el mejor manjar del mundo.
Así comenzaba la nueva vida de un desterrado cubano, Pero como dijo Martí “Sin Patria, pero sin amo”.
*El autor fue miembro de la Cámara de Representantes de Cuba por la Provincia de Matanzas.
sábado, 8 de mayo de 2010
Un día como hoy...
Un día como hoy, en 1935, fue asesinado el Dr. Antonio Guiteras Holmes, ex Secretario de Gobernación, en el Morrillo, Matanzas.
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martes, 5 de enero de 2010
Román Nodal Jiménez
Por Daniel I. Pedreira
Al recordar a todos los cubanos que enaltecieron a la República de Cuba durante su época pre-castrista, normalmente se omiten a aquellos que permanecieron en Cuba bajo la dictadura. Muchos de estos cubanos vivieron sus últimas décadas en una Cuba dividida y oprimida. A pesar de esto, no dejaron de vivir con esperanza y dignidad. Al Sr. Román Nodal Jiménez, uno de los políticos más destacados de Cuba, le tocó vivir esta situación.
El Sr. Nodal nació en Unión de Reyes, Matanzas en 1906. Estudió el Bachillerato en Candler College en La Habana y cursó los estudios superiores en la Escuela de Técnicos Azucareros, graduándose de químico. Fue asignado delegado ante la Asociación Nacional de la Industria Azucarera y luego fue ascendido a jefe. Integró la comisión que hizo el mapa de Cuba con el análisis y la calificación de las tierras. También fue inspector de enfermedades de la caña, encargado de 16 ingenios. A los 25 años de edad fue nombrado segundo administrador de un ingenio. Fue electo consejero provincial de Matanzas, pero poco después perdió su cargo en elecciones complementarias. En 1933, al llevarse a cabo la reorganización de la compañía, fue asignado para administrar un ingenio, pero declinó el nombramiento para trasladarse a La Habana.
Allí comenzó su carrera en el servicio público al ser nombrado jefe de un departamento en la Secretaría de Obras Públicas. Siendo Presidente del Partido Conservador en la Provincia de Matanzas, en 1936, fue electo Representante a la Cámara. Fue reelecto en 1940, 1944 y 1948, esta vez por el Partido Republicano.
El Representante Nodal fue el autor del Inciso K de la Ley número 7 del 5 de abril de 1943, relacionada con los Presupuestos Nacionales. Por medio de este Inciso fueron creadas cinco mil aulas a lo largo de la isla. Fue nombrado Vicepresidente de la Cámara de Representantes y Presidente de la Comisión de Hacienda y Presupuestos de dicho cuerpo legislativo. También logró ayudar a su pueblo natal de Unión de Reyes. Logró conseguir créditos para la reconstrucción del acueducto y para la compra de una ambulancia. También cooperó con la Comisión de las Fuerzas Vivas del Término Municipal de Unión de Reyes, la cual gestionó que el gobierno impidiera la demolición del Central Santo Domingo.
En 1947, el Presidente Ramón Grau San Martín lo nombró Ministro de Agricultura. Estando al mando del Ministerio, manejó la venta de la primera zafra tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta negociación se llevó a cabo en La Habana con el Secretario de Agricultura de los Estados Unidos, Clinton P. Anderson, enviado por el presidente Harry S. Truman. A causa de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno cubano había reducido el precio del azúcar como contribución cubana a los Aliados. Sin embargo, al terminar la Guerra, los Estados Unidos continuaba pagando el azúcar a precios reducidos. El Presidente Grau ordenó la paralización de los embarques de azúcar a los Estados Unidos hasta que se reanudaran los pagos al costo establecido antes de la Guerra.
Durante las elecciones de 1948, el Dr. Nodal ingresó en el Partido Demócrata, el cual había formado una coalición con el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Su candidato presidencial, el Dr. Carlos Prío Socarrás, ganó esos comicios, y este lo nombró Ministro de Defensa Nacional. Durante esta época también ocupó la presidencia de la Asamblea Nacional de la Asociación Nacional de Ganaderos de Cuba.
El Ministro Nodal cesó su cargo repentinamente el 10 de marzo de 1952 tras el golpe de estado del General Fulgencio Batista. En 1956, salió electo Senador por Matanzas por el Partido Auténtico y luego fue nombrado Vicepresidente del Senado. De nuevo, cesó su cargo legislativo el 1 de enero de 1959 al caer el gobierno del General Batista e instaurarse el castrismo.
Mientras que la persecución y los fusilamientos forzaron el destierro de la mayoría de los políticos cubanos, el Dr. Nodal se quedó en Cuba. Durante dos años permaneció bajo arresto por el régimen castrista, el cual investigaba la procedencia de sus bienes. El humillante proceso solo probó su inocencia.
Vivió sus últimos años con dignidad en Cuba. Retirado de la vida política y laboral, se dedicó a criar pollos en incubadoras y a llevar a cabo modestas actividades granjeras en el patio de su casa. Tras la invasión de Playa Girón, fue detenido tras conocerse de la participación de su hijo, Rodolfo, en la Brigada de Asalto 2506. Falleció en su residencia en Miramar el 21 de enero de 1982. Tanto su estado de ánimo como su filosofía sobre la vida resuenan en sus palabras: “Ya en la senectud, con los deseos apagados, los instintos dormidos y los entusiasmos en reposo, con la voz de la conciencia, que es la que había más alto en esta edad, sin reproches ni admoniciones que quitan el sueño y traen la angustia al espíritu, vivo mis últimos días.”
Estuvo casado con Ofelia Tarafa de Cárdenas y juntos tuvieron tres hijos, Marta, Elena y Rodolfo. Este último lo recuerda como “un hombre público excepcional por el estricto cumplimiento de su palabra y su generoso espíritu de servicio. Recorría la Provincia de Matanzas con él y recuerda “como salían de los lugares más recónditos del campo personas agradecidas por su servicio a saludarlo afectuosamente (a ‘Román’ o a ‘Nodal,” como le llamaban).”
La vida del Sr. Nodal es un ejemplo de dignidad y honor ante la opresión y la tiranía. Estos valores necesitan servir de cimientos para la Cuba futura.
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