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miércoles, 5 de octubre de 2011

Ante la muerte de Carlos Ripoll

Publicado en el Diario Las Américas el 4 de octubre de 2011


Por Eduardo Lolo*


Ha muerto Carlos Ripoll. De su propia mano, desesperanzada. José Martí pierde a un amigo sincero y Cuba a un hijo digno que nunca cesó de denunciar a cuanto tirano hizo de la Patria un pedestal. De ahí su condición de exiliado triple: de muy joven, cuando el machadato; luego, ante los desmanes del Batista golpista; por último, ante el asalto totalitario del castrismo. Y siempre con la denuncia oportuna y la actitud vertical, aunque no siempre fuera “políticamente correcto.”
A la intransigencia patria Ripoll sumó un talento intelectual extraordinario que, unido a una metodología de trabajo de profesionalismo impoluto, una constancia a prueba de desmanes y un desinterés material de otra época, dio como resultado la publicación de decenas de libros de estudios martianos y otros temas históricos cubanos que constituyen hoy en día obras de información y consulta obligatoria para los especialistas de temas cubanos.

Llegado a los EE.UU. en los sesenta sin otro patrimonio que su talento, Ripoll supo hacerse de un lugar destacado en el mundo universitario norteamericano como catedrático de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) y profesor visitante en otros importantes centros de enseñanza superior tales la Florida International University. Dictó conferencias, impartió seminarios, presentó denuncias ante organismos internacionales y colaboró con cuantos llamaran a su puerta a nombre de Cuba, que era como tocar en su alma.

Como investigador, sus trabajos sobre José Martí cubren 4 décadas de profundos estudios. Su primer libro sobre el Apóstol data de 1971 y deja al partir un último volumen en la imprenta, en el cual venía trabajando desde hacía más de un año. Su labor de promoción de la obra literaria de Martí no fue menor a través de la edición de antologías y el rescate de escritos martianos que se creía perdidos o cuya existencia se desconocía en el siglo XX. Y la mayor parte de esas publicaciones con el sello de la Editorial Dos Ríos que él mismo fundara y costeara personalmente. De ahí que no dude en aseverar que a partir de las primeras obras martianas de Carlos Ripoll y la fundación de la Editorial Dos Ríos en Nueva York, nadie podría ya acometer ningún estudio serio sobre José Martí sin acudir a la colosal labor de análisis, reivindicación, divulgación, interpretación, ordenamiento e investigación de la obra y la vida del Apóstol debida a los esfuerzos y el talento combinados de Carlos Ripoll, un estudioso martiano a tiempo completo –y a alma completa.

Cuba fue su otro gran tema. Como dolor pasado en tanto que historia y como angustia presente derivado de aquél. Su mirar hacia atrás no era más que un hurgar en las entrañas de su pueblo para denunciar sus heridas sangrantes de tiempo. En efecto, paralelamente a sus estudios martianos y como una especie de complemento o desprendimiento de los mismos, pueden identificarse en la vasta obra de Ripoll profundísimos ensayos donde Cuba alcanza, como sujeto y objeto de examen y exploración, un sitial que en cualquier otro autor serviría para considerarlo un especialista del tema.

Pero el rango intelectual de Ripoll abarcó otros temas y disciplinas donde también produjo trabajos de incalculable labor: sus estudios sobre el ensayo latinoamericano, el teatro y obras del canon peninsular, siguen siendo utilizados en las mejores universidades de los EE.UU. Cultivó el periodismo literario (fue asiduo columnista del Diario las Américas y otros medios tanto generales como académicos) y fue director de una de las publicaciones cubanas del exilio de mayor solidez intelectual: la Revista Cubana, aparecida en Nueva York en 1968. También incursionó en la ficción.

Como exiliado triple, Ripoll se incorporó a cuanta causa justa encontró a su paso por el tiempo, lo cual consideraba un deber ineludible; habló y escribió siempre con la patria adolorida en medio de la frente, que era su forma de ser cubano. Y todo ello sin protagonismos vanidosos ni afán de recompensa. Vivió mucho, pero no tanto por los años acumulados (que fueron 90), como por haber vivido en el bien, con el bien y para el bien. Vidas así no pueden contabilizarse en años, sino en fulgores.

Por todo lo anterior es que Carlos Ripoll permanece entonces más allá de sí mismo. Una vez más cumplimos el deber, desgraciadamente casi cotidiano, de depositar los restos físicos de un exiliado cubano en una tumba incómoda, como es toda sepultura en suelo extranjero. Del exilio en vida pasamos al exilio en muerte. Pero hombres y mujeres como Carlos Ripoll tienen garantizado un regreso al mismo polvo del cual provinieron. Les avala el retorno físico su obra creada a estocadas de honor. Muchos de los libros de Ripoll han entrado clandestinamente a Cuba, donde son leídos con avidez por cubanos del insilio, ávidos de tiempos nuevos. Martí escribió para esos tiempos, que no han llegado. Carlos Ripoll, por extensión, hizo lo mismo. Me imagino que ya habrán de haberse conocido personalmente, extendidas sus manos francas. Porque es el caso que ambos tienen mucho que hacer por Cuba todavía.



*El Dr. Eduardo Lolo es autor de varios libros sobre José Martí. Fue también el editor de la antología crítica “Su mano franca. Acerca de Carlos Ripoll” (2010). http://eduardololo.com

jueves, 15 de septiembre de 2011

En Torno a una Carta Inédita de José Martí a Manuel Mercado (Tercera y Última Parte)

Meses después Martí descubrió la triste realidad de las políticas de Barrios. Los indígenas no dejaron de ser pobres; Barrios los obligó a continuar viviendo en el modelo represivo de la colonia. La promoción de la economía del café terminó destruyendo las comunidades Maya. Las tierras comunales de los nativos fueron privatizadas sin compensación adecuada. Muchos indígenas se enfermaban y morían al ser obligados a vivir en las alturas de las montañas. La iconografía y simbolismo Maya en la bandera era solo propaganda e ilusión retórica. Los Mayas continuaban eliminados del poder político de Guatemala.


A pesar de eso, Martí siguió estudiando a Barrios cuidadosamente por un tiempo, mientras trabajaba bajo el liderazgo del cubano José María Izaguirre (1828-1905). Izaguirre era ex miembro de la Asamblea Constituyente de Guáimaro por el Distrito de Jiguaní (10 al 11 abril de 1869), y fundador de la Escuela Normal de Maestros de Guatemala, a cuya facultad se unió Martí el 29 de Mayo de 1877. Muy pronto, sin embargo, Martí no pudo reprimir su desagrado con Barrios. En Marzo 8 de 1878 le escribió a Manuel Mercado y compartió con él su desilusión. Para empeorar las cosas, Izaguirre fue acusado de abusar de su autoridad y menospreciar la cultura guatemalteca por el exceso de celo en su labor por la independencia de Cuba.

Mercado le respondió a Martí pidiéndole paciencia y compartiendo con él un secreto que lo consumía: la vergüenza por haber accedido a una alianza con Porfirio Díaz y haber conspirado en su favor en 1876, violando la lealtad que le debía a Lerdo de Quesada siendo como era un funcionario de su gobierno. Mercado le pidió a Martí que guardara el secreto de su ingratitud con Lerdo, de la cual no se sentía orgulloso.

A finales de Marzo de 1878 el Presidente Barrios despidió a Izaguirre como director de la Normal de Guatemala. El 2 de Abril de 1878 Martí le escribió a Mercado desde Ciudad Guatemala la carta inédita objeto de este artículo, asegurándole la total seguridad de su secreto.

«Guatemala, 2 de Abril 1878

A Manuel Mercado:

Honorable y amado amigo:

No dudo que nuestra conversación lo haya hecho reflexionar.

Es envidiable lo que puede hacer un hombre como usted por sus ideas.

Aún cuando no me sienta yo con ánimos de hacer cosa alguna no se preocupe usted por sus ideas, nuestra conversación es parte ya de mis consideraciones más urgentes.

Estimado amigo, bien sabe usted el afecto que le profeso.

No tema, su secreto está seguro conmigo.

Martí.»

El 6 de Abril Martí renunció a su posición en la Normal de Maestros en solidaridad con Izaguirre, dando por terminada su relación con Barrios y Guatemala. En una carta del 20 de Abril de 1878 a Manuel Mercado le expone:

«me veo obligado a renunciar las pocas cátedras que me quedaban; a irme del país, y a hacerles sentir mi desdén antes que ellos me hicieran sentir su injusticia.»

La Guerra del ‘68 había terminado en Cuba con el Pacto del Zanjón en Febrero de 1878. Martí decidió volver a Cuba en Julio de 1878, acogiéndose a la amnistía general que se ofreció en el Pacto del Zanjón a todos los exiliados.
    
Jose Julian Marti
Martí y Carmen, esperando su primer hijo, salieron de Guatemala el 6 de Julio de 1878, poco después de un año de haber vivido allí. Fue así que José Francisco Martí Zayas-Bazán (Ismaelillo) nació en La Habana el 22 de Noviembre de 1878.

Martí fue de nuevo expulsado a España y desde allí escapó a Nueva York, donde comenzó a trabajar febrilmente en lo que llamó «la Tregua Fecunda» (1878-1895), periodo durante el cual se forjó la unidad de los cubanos de la isla y el exterior para lograr la independencia de Cuba.


Carmen Zayas Bazan

Echando a un lado sus divergencias políticas con Porfirio Díaz, el 23 de Julio de 1894, diecisiete años después de su salida de México, Martí solicitó —por medio de Manuel Mercado, que desde 1882 oficiaba como Subsecretario de Gobernación de México— una entrevista con Porfirio Díaz con el objeto de solicitar recursos económicos y el reconocimiento de México a la beligerancia en Cuba. Ignorando que en 1876 se había expresado de Porfirio Díaz como «un hombre que se declara por su exclusiva voluntad, señor de hombres,» Martí, en esa nueva ocasión, argumentó:

« quien solicita la reunión no es un cubano cualquiera sino un cubano prudente [...] que ha probado sin alarde, y en horas críticas, su amor vigilante a México,» añadiendo « no vengo a dirigirme al jefe oficial de la República que luchó ayer por lo que Cuba vuelve a luchar hoy, sino al hombre cauto y de fuerte corazón que padeció por la libertad del continente, que la mantiene hoy con la dignidad y unidad que da a su pueblo, y que no puede desoír, ni ver como extraños, a los que a las puertas de su patria, en el crucero futuro y cercano del mundo y frente a una nación ajena y necesitada, van a batallar por el decoro y bienestar de sus compatriotas, y el equilibrio y seguridad de nuestra América.»

El primero de Agosto de 1894 se llevó a cabo la entrevista entre José Martí y Porfirio Díaz en el Palacio de Chapultepec. Porfirio Díaz conversó largamente con Martí, pero no accedió a reconocer la beligerancia a los cubanos, ni a ofrecer puerto seguro a las embarcaciones del ejército cubano en armas, ni a permitir la organización de expediciones desde territorio Mexicano. Respondiendo a las cortesías y halagos de Martí le concedió una ayuda monetaria de 20,000 pesos oro, con esperanzas infundadas de que algún día Martí pudiera devolverle la cortesía apoyando el sueño de Porfirio Díaz de anexar la isla de Cuba a la República Mexicana.


Raúl Eduardo Chao





jueves, 2 de junio de 2011

Jimaguayú: Nuevo libro de Raúl Chao

Anoche, en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami, fue presentado el libro Jimaguayú, obre del escritor Raúl Chao. En el libro, Chao recorre los pasos de José Martí en Nueva York y narra los acontecimientos de la Guerra de Independencia cubana. La presentación estuvo a cargo de Raúl Chao, Virgilio Beato, Carlos Alberto Montaner y José Azel. A continuación, fotos y videos del acto.


jueves, 19 de mayo de 2011

Recordando a José Martí

El Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami ha preparado un corto video, “Recordando a José Martí”, que se presentará el 19 de mayo, en el centro Stephen P. Clark de los Comisionados del Condado de Miami-Dade. Si Ud. desea verlo, por favor haga Clic aquí.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Un día como hoy…

Fechas memorables (fragmento)
Por el Dr. Julio Quintana Díaz


Fue el 19 de mayo de 1895, un bello amanecer en la campiña cubana. Días antes (el 5 del mismo mes precisamente) había tenido lugar la primera entrevista de los tres grandes inmortales de la Revolución que se iniciaba. En “La Mejorana” se habían unido en estrecho abrazo Martí, Gómez y Maceo y allí entre palmas y vítores de los hombres que formaban sus escoltas, muchos de los cuales, al escuchar por vez primera el encendido verbo del Maestro, rememoraron con unición religiosa la entrada de Jesús en Jerusalén, en aquel bíblico Domingo de Ramos. Allí trazaron sus planes para incrementar en breve plazo la llama redentora de la Revolución, y porque lo estimaron necesario al par que justo, iniciaron su marcha a Camagüey, visitando ante todo, el campamento de Maceo en Banabacoa a pocas leguas de distancia, y en el que dos mil aguerridos orientales aguardaban ansiosos la llegada de sus héroes. Se les hizo un recibimiento “indescriptible” (según el decir de un periodista testigo, en breve crónica) los vítores atronaron el espacio, y nuevamente allí los tres grandes hombres se abrazaron con efusión y los soldados de Maceo, escucharon a Martí como siglos antes escucharan los creyentes las máximas de Cristo: “con adoración bíblica, con fanatismo de idólatras.”

¡Bien ajenos estaban entonces, de que pocos días después, los azares de la suerte, les depararían un rudo golpe!

Gómez y Martí, emprenden el rumbo acordado hacia Camagüey, pero antes es preciso visitar a Bartolomé Masó, que con 300 hombres les aguarda; se encuentran la tarde anterior y amanecen acampados en Las Bijas, lugar situado cerca de la confluencia de los ríos Cauto y Contramaestre. Nuevamente les habla Martí, y los soldados de Masó, como antes los de Maceo, sienten algo así, como un deslumbramiento primero, y como una embriaguez luego, al escuchar la palabra del Apóstol en aquella hermosa mañana del 19 de mayo de 1895. Pocas horas después, aquella inmensa alegría, aquel fervor patriótico se convierten en tristeza y dolor profundos.

Sorprendidos por la avanzada enemiga, se interrumpe un esplendido almuerzo, con los primeros tiros de los españoles, casi dentro del mismo Campamento. Máximo Gómez, apenas si tiene tiempo de cabalgar él mismo y ordenar el ataque.

Le ordena a Martí que no se mueva del lugar en que estaba, pero este no le escucha. Hay algo superior que anula su voluntad y sus propósitos. Se une a la galopada y marcha hacia su destino. Le alcanzan las balas enemigas, y cae para siempre coronado de gloria, de “cara al Sol” como cantara en sus versos sencillos. Así ocurrió la tragedia de Dos Ríos, el primer gran desastre de la Revolución cubana del 95.
Cuba, nuestra querida Patria, atravesó en aquella época, su triste Calvario que simbolizara un día 19 de mayo para alcanzar después en un feliz día 20, su propia gloriosa redención.

Por desgracia, para ella no ha terminado aun su Calvario. En los días que hoy corren, la sangre de sus hijos se vierte a torrentes en su fértil suelo, el dolor y la miseria engendrados por el odio insano de protervos hijos, abaten el espíritu de los cubanos; pero no hay que olvidar, que estamos de frente, a un nuevo acontecer en las alternativas de la vida, y que pronto, muy pronto tal vez, serán palpables las enseñanzas del Divino Maestro: “Yo soy la resurrección y la vida.” De este nuevo acontecer que se aproxima, se alzará una Cuba próspera y feliz, y nuestra bandera gloriosa y redimida, ondeara de nuevo en nuestros campos, como en los tiempos que hoy recordamos en estas “fechas memorables.”

jueves, 25 de marzo de 2010

Un día como hoy…

Un día como hoy, en 1895, José Martí y Máximo Gómez firmaron el Manifiesto de Monte Cristi, base fundamental para la Guerra de Independencia cubana del mismo año.