martes, 29 de noviembre de 2011

Juan Gualberto Gómez Ferrer: un ilustre matancero


Escrito por José (Pepe) Martel. Publicado en Libre el lunes, 21 de Noviembre de 2011

Esa provincia de Cuba, Matanzas, conocida como “La Atenas” ha dado grandes hombres y uno de ellos este gran patriota cubano nacido en uno de sus municipios, Sabanilla del Encomendador. Hijos de esclavos pero libre de cadenas ya que sus padres lograron ahorrar unos pesos y pagarle al amo su libertad conocida en aquellos tiempos como ... De ese modo Juan Gualberto nació libre y con iguales derechos que cualquier cubano de aquella época de colonialismo y esclavitud.

Desde sus primeros años se le observó talento, formación, carácter y patriotismo íntegro muy a pesar de su color negro se desarrolló sin alentar racismo alguno. Luchó con tenacidad y fervor por la mejoría de su clase y por los derechos humanos de todos los cubanos aspirantes a vivir en libertad.

Fue en todo momento de su vida un compañero inseparable de José Martí, quienes se llamaban hermanos.
Periodista, escritor, orador, político y hombre de un prestigio insoslayable y puro. Conoció a Francisco Vicente Aguilera en París y en 1879 comenzó a conspirar junto a Martí. En 1880 fue apresado, juzgado y deportado a Ceuta cumpliendo una larga condena. En España intimó con un Don Rafael María de Labra (nacido en Cuba y desde niño llevado a Madrid) quien lo ayudó en todo y lo presentó en el Ateneo de Madrid donde ofreció varias conferencias siendo aclamado por consagrados políticos, escritores, poetas y grandes hombres españoles que se oponían a las colonizaciones.

De regreso a Cuba fundó el periódico El Separatista en La Habana. Oficialmente Juan Gualberto era el representante de Martí y tenía la plena autoridad y amplia responsabilidad en dictar instrucciones para cada grupo, movimiento, agrupación clandestina y coordinación de la guerra. El día 29 de enero de 1895 Martí le escribía a Juan Gualberto de puño y letra dándole las instrucciones del acuerdo suscrito en Nueva York con la firma de José Martí y José María Rodríguez en nombre del Generalísimo Máximo Gómez y Enrique Collazo.

En los primero días de febrero de 1895 sale de La Habana rumbo a Oriente para coordinar las futuras acciones de los movimientos alzados y el 24 de ese mes se alzaba cumpliendo sus órdenes el General Bartolomé Masó en Manzanillo. Sucesivos alzamientos en Guantánamo, Bayate, Baire y Jagüey Grande. Juan Gualberto lo hacía en el poblado oriental de Ibarra junto a Antonio López Coloma. Aquellos intentos fracasan por la no llegada de desembarcos de hombres y armas del exterior y solo el General Masó y su tropa pudo entablar combates con el enemigo.

El 2 de marzo de 1895 cayó prisionero de los españoles y conducido a La Habana ante el sanguinario capitán Calleja. Sometido a interrogatorios y torturas fue llevado a varias prisiones donde su calvario fue muy doloroso. No delató ni dijo lo que las autoridades españolas querían saber por lo cual la primera petición pena de muerte y al final 20 años de prisión y de nuevo deportado a Ceuta el 3 de septiembre de 1895. Más tarde trasladado a la cárcel de Valencia y en 1897 de vuelta a Cuba encerrado en las mazmorras de La Cabaña en ocasión de dictar el gobierno español las reformas autonómicas para la isla. Los desembarcos de Máximo Gómez y José Martí en Dos Ríos, la muerte de Martí en combate fueron acontecimientos que entristecieron su vida, no solo por el cariño y afectos que había entre ambos sino por el vacío que dejaba aquella muerte en las horas que más lo necesitaba la causa.

Ya liberado continuó luchando por la libertad de Cuba y más por la organización de la república. Integró la Asamblea de Santa Cruz (después Cerro) y ejerció en ella mucha influencia junto a Manuel Sanguily. Fue delegado de la Asamblea Constituyente de 1901 y un batallador incansable para la creación de la Carta Constitucional para la república y un opositor vehemente contra la Enmienda Platt. Su labor parlamentaria, política y periodista fue muy importante en aquellos tiempos de fundación de la nueva Cuba. Miembro del Partido Unión Democrática (PUD) junto al general Masó que discutía la presidencia frente a Tomás Estrada Palma, candidato favorito del gobierno norteamericano de turno y Juan Gualberto aspirante a representante a la Cámara. Las reiteradas disputas del general Masó con el gobernador Wood (amigo de JGG) produjeron un alineamiento con Alfredo Zayas, con quien hizo política hasta su muerte.

A la caída de Tomás Estrada Palma trabajó intensamente para sacar a los cubanos de esa intransigencia política que los embargaba. Las personas que lo conocieron destacan su inmenso talento, amplísima cultura y patriotismo inigualable. Fue un asistente sistemático a las tertulias del abogado José Antolín del Cuesto en su bufete donde se reunía con personalidades de esa época como Rafael Montoro, Fernández Marcané, Hernández Cartaya, Sánchez Bustamante y otros sabios cubanos.

Falleció en 1933 sin quejarse de nadie, sin acusar a nadie, aunque sorprendido por los caminos que tomaba Cuba con sus nuevas generaciones después de la caída del general Gerardo Machado.





domingo, 20 de noviembre de 2011

Develado el Monumento al Dr. Manuel Antonio de Varona






















El sábado, 19 de noviembre se llevó a cabo la delevación del monument al Dr. Manuel Antonio de Varona Loredo. El monumento, localizado en el Triangle Park de Miami, está integrado por un busto del Dr. de Varona sobre una columna de marmol. El busto es obra del recién fallecido escultor cubano Tony López.



















Durante el acto hablaron destacadas personalidades del exilio. Carlos de Varona Segura, hijo del Dr. de Varona, reconoció la labor de aquellos miembros del Comité “Monumento Dr. Manuel A. de Varona” quienes trabajaron para lograr que esta obra se llevara a cabo y presentó a los familiares del Dr. Varona allí presentes.


















El Dr. de Varona ocupó varios cargos políticos, entre ellos los de senador y primer ministro. Fue uno de los líderes principales y mas activos del exilio cubano hasta su fallecimiento en 1992.


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jueves, 17 de noviembre de 2011

Juan Caballero Brunet

Por Lincoln Díaz-Balart
Publicado en el Diario Las Américas el 11 de noviembre de 2011

Hace unos días falleció en Miami mi tío, Juan Caballero Brunet, el hermano mayor de mi mamá.

Juan era un patriota cubano, como lo son, también, sus hermanos, Mario y Alfredo, y mi mamá, Hilda.

¡Lincote! Mi tío Juan me llamaba así. Nadie más me ha llamado de esa forma.

Juan Caballero Brunet era una de las personas más buenas, nobles, y cariñosas que jamás he conocido.

Abogado de profesión, y Representante a la Cámara en Cuba republicana, todos los fines de semana regresaba a su provincia de Camagüey a visitar a sus electores. Y, sin dinero, visitando todos los hogares en todos los barrios y vecindarios de la ciudad, fue electo Alcalde de Ciego de Ávila en las últimas elecciones que tuvo Cuba, en 1958.

Fue Juan quien nos enseñó a Mario mi hermano y a mí, la importancia de visitar, casa por casa, a los electores.

También recuerdo como me explicó, con su maravilloso sentido del humor, el valor de darle la mano a todo el mundo, la costumbre de los políticos en Estados Unidos. “Siempre me pareció eso una bobería”, me dijo, “y un día estaba en mi automóvil parado en una luz roja en Pensacola (donde Juan era profesor en la Universidad) y se me acercó y me dio la mano Earl Hutto, diciéndome Hello, I’m Congressman Earl Hutto, ¡y cuando fui a votar, vi su nombre en la boleta y voté por él! ¡Funciona, Lincote!” me decía riéndose.

Juan era, en los mejores sentidos de la palabra, como un niño. Amaba al prójimo. Todo lo material que tuvo, era para otros. Se desvivía por hacerle un favor a un amigo. Le era muy difícil entender el mal. Como un niño.

Recuerdo cuando me dijo que realmente entendió por primera vez lo que estábamos confrontando en Cuba. Habiendo llegado a Nueva York ese primero de enero de 1959 (¡sin ni siquiera un abrigo!) Juan vio por la televisión como las turbas en La Habana destruían los parquímetros. “En ese momento entendí que lo de Castro sería realmente serio”, me dijo.

Y Juan conoció el dolor profundo en ésta vida, especialmente cuando, ya viejito y enfermo, pero feliz porque vivía con su hijo, mi primo Jorge Enrique, uno de los seres humanos más llenos de amor concebibles, que junto a su hija (la nieta de Juan) Ana María, cuidaba a Juan, y Jorge Enrique murió repentinamente del corazón.

Después, Ana María y la hija de Ana María, Jordan, cuidaron a Juan de una forma bella y admirable.

Juan ya no siente el dolor. Está junto a Jorge Enrique y a sus padres –mis abuelos Juan y María– a su esposa Carmen y a tantos otros seres queridos en la presencia de Dios.

Y hasta que nos reunamos nuevamente con él y con todos ellos, recordaremos siempre a Juan Caballero Brunet con toda nuestra admiración, devoción, y supremo amor.